Pedro Niño Calzada SJ: Enseñar para comunicar y ser comunicado.


Eran las cuatro de la tarde del 5 de octubre de 2017. Hace apenas 10 minutos había empezado a llover. Llegué mojado, sin aliento, pero puntual a las oficinas de IRFEYAL en Quito para entrevistar a Pedro Niño Calzada, jesuita de 86 años, ganador del segundo concurso de Excelencia Educativa.


No tardaron en hacerme pasar. Ahí estaba, sentado en su oficina el ‘Padre Niño’, con su expresión seria y postura férrea de la que parece no escaparse una sonrisa jamás. Cuando me miró no tardó en comentar que no esperaba que su entrevistador sería alguien tan joven. Él se imaginaba que llegaría alguien de más edad: como de sesenta años. Sobre la mesa había una tetera con agua caliente, café, té y galletas. El Padre Niño me dijo que me sirviera pronto pues ‘tomar café frío es como besar a una vieja’.


Me preguntó si alguna vez estudié en el Colegio San Gabriel. De alguna manera mi rostro le resultó familiar y me sorprendió que esto suceda porque hace casi 10 años que no nos veíamos: el Padre Niño fue mi maestro de Sociología. Luego de ponernos al día y de ‘re-conocernos’, empezamos la entrevista. En lo que yo creí sería una historia normal encontré la razón del carácter fuerte y determinado de este admirable Jesuita.


Pedro Niño cuenta que su vida fue común con la particular circunstancia de que vivió en carne propia toda la desgracia de la Guerra Civil Española. Vio toda la destrucción de los bombardeos en Madrid y recordó que a cada niño le daban una naranja diaria para comer y nada más que eso. Su madre, les imponía la disciplina de dividir la naranja en pedazos para comerla durante el día. Esta fue una de las formas en las que Pedro Niño aprendió lo importante de llevar reglas en medio del caos. Las naranjas que actualmente come en su comunidad —dice— le recuerdan de forma sentimental a las naranjas que comía cuando era un infante: le recuerdan a su familia… le recuerdan a su madre. Esta experiencia, sin embargo, no le es negativa. Él mismo asegura que le sirvió para toda la vida: Los hombres selectos se acrisolan en la pobreza, así como el oro se acrisola en el fuego.


Trabajó desde los 14 años y llegó a dirigir una empresa. Tuvo todas las experiencias que un ser humano de su tiempo puede tenerlas, sin llegar, por supuesto a ser un crápula. Nunca se imaginó que sería sacerdote, jamás se cruzó por su mente que llegaría a ser jesuita: tenía una novia y deseaba tener una familia.


Un día, su hermano, que era piloto de guerra, le presentó a los Jesuitas, quienes le llevaron a los famosos ejercicios espirituales. Desde ese momento su vida conectó con su motor principal, con su enlace trascendental y modelo de vida: Jesús.


Entró al noviciado Jesuita a los 27 años, cuando la mayoría de novicios tenía apenas 17. Aprendió humanidades, latín y griego junto a niños de 12 años. No pasó mucho tiempo después de ingresar a la Compañía que se ofreció para trabajar en Latinoamérica. Fue el famoso General de los Jesuitas, Pedro Arrupe, quien autorizó su venida a Ecuador, luego de que él designara un reemplazo a todos los trabajos que mantenía en España.


La mayor renuncia que ha hecho el Padre Niño para seguir el camino de su apostolado es la familia: renunciar a tener una esposa, hijos, nietos, dejar a sus padres, a sus hermanos, a su país. Pero no siente que ha perdido. La vida le ha devuelto más familia en la gente que él ha ayudado. Sus hijos son sus alumnos. No tendrá descendencia natural, pero Pedro Niño se siente un hombre fecundo.


Cuando le pregunté el motivo de su amor y pasión por educar él respondió que no se trata de enseñar por sentirse más sabio que los demás: enseña porque quiere comunicar y además ser comunicado; porque cada ser humano tiene un mensaje que recoge de su vida personal.

Su figura en IRFEYAL, sin lugar a dudas, es irremplazable. Él espera que cuando ya no esté, alguien llegue a mejorar dentro de la misma línea de servicio a la gente de los sectores populares. Y tiene tranquilidad de que la obra que él y su equipo han impulsado es sostenida por la figura trascendental de Jesús: ahí radica su fe.


Los maestros deben ser vistos como héroes, dice. Entregados y no movidos por el dinero. Los maestros deben enseñar valorando primero a la persona y luego a la ley; es decir, en misericordia con el prójimo y con su condición personal. Siempre un maestro debe trasmitir y enseñar valores. En eso consiste ser un maestro.


Con este mensaje concluyó la entrevista realizada al Padre Niño; un ejemplo de fe, entrega y determinación por la educación del Ecuador.


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